El negocio perdurable del polo de piqué
Las tendencias van y vienen, pero un puñado de prendas simplemente no dejan de venderse. El polo de piqué de algodón es una de ellas: atemporal, sin distinción de género e inmediatamente reconocible en todos los segmentos de precio, desde la moda de gran consumo hasta las firmas de tradición.
Para un comprador, esa fiabilidad es precisamente lo que importa. Un polo no pasa de moda como pueden hacerlo una camiseta estampada o una chaqueta de corte del momento, lo que significa que el stock no vendido entraña mucho menos riesgo de acabar en rebajas. Además, funciona en distintos mercados —los mismos colores básicos triunfan en Alemania, Francia, Italia y más allá.
El arte comercial está en el surtido. Los surtidos que más venden cargan el peso en el centro de la curva de tallas (M–XL) y apuestan primero por los colores básicos —negro, blanco, azul marino— antes de sumar algunos toques de color de temporada. Las cajas de colores surtidos permiten al minorista tantear la amplitud de la gama sin comprometerse con packs completos de un solo tono.
Como categoría sobre la que cimentar una posición en el canal mayorista, el polo de piqué sigue siendo difícil de superar: demanda fiable, atractivo transversal y márgenes que aguantan.